Cúrcuma

La cúrcuma es una especia de color amarillo intenso con un sabor cálido y terroso, y un fondo ligeramente picante y a veces algo amargo. El polvo se utiliza mucho para aportar color y profundidad a curris, sopas, platos de arroz y marinadas, y es un condimento básico en muchas mezclas de especias.

Nombre latino: Curcuma longa
Origen: Asia del Sur, especialmente la India, y posteriormente extendida por regiones tropicales
Familia botánica: Zingiberaceae (familia del jengibre)
Altura: aproximadamente 60–100 cm
Periodo de floración: verano (en clima cálido)
Vida útil: perenne

Descripción

La cúrcuma procede del rizoma subterráneo de una planta de la familia del jengibre. Fresco, el rizoma se parece al jengibre, pero por dentro es de un color naranja amarillo intenso. Tras la cosecha, la cúrcuma suele hervirse o cocerse al vapor, y después se seca y se muele hasta obtener el polvo conocido. El resultado es una especia de intenso poder colorante con un aroma cálido y terroso muy reconocible, que combina bien con otras hierbas y especias.

En la cocina

La cúrcuma tiene un carácter especiado suave y seco que resulta especialmente agradable en combinación con grasa, como aceite, mantequilla o leche de coco, y con otras especias. Es imprescindible en muchos curris y dals, pero también funciona muy bien en sopas, guisos, salteados de verduras, arroz y aliños. Una pequeña cantidad suele bastar para dar color; para el sabor se utiliza normalmente algo más, aunque conviene dosificarla con cuidado para evitar el amargor.

Lo ideal es cocinar brevemente la cúrcuma a fuego moderado con cebolla, ajo y otras especias, para que su aroma se abra sin llegar a quemarse. Las combinaciones clásicas son cúrcuma con comino, semilla de cilantro, jengibre, ajo, pimienta negra, canela y copos de chile. También luce muy bien en marinadas con yogur o limón, por ejemplo con pollo, coliflor o patatas asadas.

Conservación y calidad

Guarde la cúrcuma en polvo en un recipiente hermético, en un lugar oscuro y seco. Su aroma se pierde con el tiempo y el color puede apagarse, por lo que conviene comprar cantidades pequeñas y sustituirla con regularidad. La cúrcuma fresca se conserva mejor en un lugar fresco y seco, envuelta de forma suelta, y conviene usarla en pocas semanas; pélela finamente y rállala o píquela justo antes de utilizarla.