Monarda
La monarda es una planta de jardín aromática y de floración exuberante, con un aroma especiado y cítrico que recuerda a la bergamota. Sus hojas y flores se utilizan para aromatizar tés, siropes y platos ligeros, aportando un toque floral y fresco con una suave nota especiada.
Nombre latino: Monarda didyma
Origen: Norteamérica
Familia botánica: Lamiáceas (Lamiaceae)
Altura: 60–120 cm
Época de floración: julio–septiembre
Ciclo de vida: perenne
Descripción
La monarda, también conocida como bergamota silvestre o bálsamo de abeja, es una planta perenne con tallos cuadrados y hojas opuestas, ligeramente dentadas. Las flores aparecen en coronas densas y despeinadas en la parte superior de los tallos y atraen a muchos insectos gracias a su néctar. Según la especie y el cultivar, los colores van del rojo intenso y el rosa al morado y el blanco.
El nombre “bergamota” hace referencia al perfil perfumado, cítrico y aromático de las hojas, que recuerda a la bergamota, el cítrico conocido por aromatizar el té Earl Grey. En la cocina se utilizan sobre todo las hojas jóvenes y los pétalos frescos; las hojas más viejas pueden volverse algo más firmes y más intensas.
En la cocina
La monarda tiene un sabor especiado y fresco, con notas cítricas y un toque de menta. Su aroma se aprecia especialmente en infusiones: deja las hojas o flores en agua caliente durante poco tiempo para preparar una tisana, o elabora un sirope que combina bien con limonadas, cócteles y postres de fruta. También se puede infusionar agradablemente en nata, leche o miel, por ejemplo para panna cotta, natillas o un glaseado ligero.
En platos salados, las hojas pueden picarse finamente en una ensalada, una salsa de hierbas, verduras asadas o un aliño suave. Combina la monarda con limón, naranja, frutos rojos, melocotón, pepino, quesos frescos, yogur y hierbas como menta, melisa y cebollino. Dosifícala con cuidado: su carácter perfumado puede dominar rápidamente.
En el jardín de hierbas
La monarda crece mejor al sol o en semisombra, en un suelo nutritivo, que retenga algo de humedad pero esté bien drenado. Riégala durante los periodos secos, especialmente en verano, y asegúrate de que haya suficiente circulación de aire alrededor de las plantas. Corta las flores marchitas para prolongar la floración y mantener la planta compacta.
Cosecha las hojas jóvenes desde la primavera y recoge las flores en verano, cuando acaban de abrirse. Úsalas preferiblemente frescas para disfrutar de su aroma más pronunciado. Para secarlas, cuelga las hojas y las cabezuelas florales en pequeños ramilletes en un lugar aireado y fuera de la luz solar directa; después, guárdalas en un recipiente hermético y en un lugar oscuro para conservar lo mejor posible su aroma y color.