El rábano negro es una hortaliza de raíz firme y picante, con un sabor muy marcado. El rábano negro en especial es conocido por su carácter intenso y se consume crudo, rallado o en rodajas en ensaladas y platos sencillos de invierno.
Nombre latino: Raphanus sativus
Origen: Asia (origen original), más tarde ampliamente extendido por Europa
Tipo de planta: cultivo de raíz / variedad similar al rábano
Uso: raíz
Descripción
Rammenas es un nombre genérico para hortalizas de raíz más grandes, parecidas al rábano. En los Países Bajos, este término suele referirse sobre todo al rábano negro: una raíz redonda o alargada con piel oscura y pulpa blanca.
El sabor del rábano negro suele ser más intenso y terroso que el del rettich blanco. Su textura es firme y crujiente, por lo que esta hortaliza destaca especialmente en preparaciones en crudo. Gracias a su sabor pronunciado, el rábano negro ocupa un lugar muy propio entre las verduras de invierno.
En la cocina
El rábano negro suele comerse crudo, por ejemplo rallado en una ensalada o cortado en rodajas finas con un poco de sal, limón o vinagre. Su frescor picante combina bien con manzana, yogur, nata, mostaza y otros sabores invernales.
También resulta muy adecuado sobre pan o como plato sencillo de verdura con embutidos y queso. En algunas preparaciones, la hortaliza se estofa brevemente o se cuece, lo que suaviza un poco su sabor. Aun así, la verdadera fuerza del rábano negro está sobre todo en su carácter crudo y picante.
Conservación & preparación
Guarda el rábano negro en un lugar fresco y oscuro o en el frigorífico. Gracias a su textura firme, suele conservarse bastante bien durante mucho tiempo. Antes de usarlo, corta el extremo, lava bien la hortaliza y pélala si es necesario, sobre todo en el caso del rábano negro con piel gruesa.
Si se quiere un sabor menos intenso, se pueden mezclar brevemente las rodajas o el rábano rallado con sal y después dejarlo escurrir. Un aliño con un toque ácido también ayuda a equilibrar mejor su picor.
Uso
- Crudo y rallado en ensaladas
- En rodajas con sal y acidez
- Con queso, embutidos y almuerzos sencillos
- En platos frescos de verduras de invierno
- Estofado brevemente o cocido